Comenzando a ser él mismo
A los dos años tu hijo alcanza cierto grado de autonomía y disfruta al confrontar con los adultos. Además de experimentar el mundo que lo rodea y poner a prueba sus capacidades, comienza también a indagar sobre las relaciones con los demás y los límites de sus propias acciones.
Tu hijo va a enfrentarte y desafiará tus recomendaciones. Es importante que te pongas firme en las indicaciones importantes, como no acercarse al agua, no tocar el horno caliente o no pegarle a otro niño. Pero puedes ser más flexible en aquellas que no infieren un peligro, como comer algún dulce cerca de la hora de la cena.
Es muy probable que también se ponga difícil en otras situaciones cotidianas, que más allá de no desembocar en peligros, hacen a una vida saludable y una convivencia pacífica. Un ejemplo típico es la negativa a irse a dormir. Si bien no es tan grave como querer jugar con fuego, tu hijo necesita su descanso y una rutina ordenada ¡Y ustedes también! De todas maneras tu hijo va a estar esperando esos límites, los va a poner a prueba y cuando te pongas firme se va a sentir mas seguro. Los límites lo ayudarán a construir su propia personalidad y valores. Le brindan seguridad en la toma de sus propias decisiones.
Una exploración segura
Para esta etapa tan curiosa es importante indicarle a tu hijo algunas normas de seguridad. Enséñale a no ponerse objetos del suelo en la boca. Controla que no tome objetos de la calle o juegue con insectos. Además es importante generarle el hábito de lavarse las manos luego de cada paseo y antes de cada comida.
A la hora de la diversión, enséñale que no debe ponerse los lápices de colores o crayones no tóxicos en la boca cuando esté dibujando. Asegúrate de que los juguetes que manipule no estén dañados ni tengan ninguna pieza filosa que lo puedan lastimar. Y recuerda nunca dejar a tu hijo solo cerca del agua, como pozos, lagos de los parques, piscinas e incluso en la bañera