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Aprendiendo a hablar el idioma de las rabietas

No todas las rabietas se crean de la misma manera. El hecho de comprender los motivos de tu hijo para llamar la atención puede darte estrategias para ayudarlo a controlar sus sentimientos y poner un límite al caos inducido por las rabietas.
Opiniones: 1

Los dos tipos de rabietas

Muchos expertos creen que hay dos tipos distintos de rabietas: manipuladoras y de derrame. Una rabieta manipuladora es una rabieta que tu hijo utiliza para salirse con la suya y controlarte. Estas rabietas suelen ocurrir cuando tu hijo quiere algo y le dices que no. Entonces, él hace una rabieta para que cambies de idea.

Una rabieta de derrame, por otra parte, ocurre cuando tu hijo se siente abrumado por un desborde de sentimientos, sensaciones y estímulos que no puede controlar. Estas rabietas no son intencionales y no son manipuladoras. Los niños que son sumamente emocionales, ultrasensibles y se sobreestimulan con facilidad suelen tener rabietas de derrame. Ambos tipos de rabietas pueden ocurrir en niños de distintas edades, pero deben manejarse de manera muy distinta.

Rabietas manipulativas

Tu primer paso es determinar qué tipo de rabieta tiene tu hijo. Si está gritando porque no lo dejas comer helado, se trata probablemente de una rabieta manipulativa. En ese caso ignóralo. Ingresa a otra habitación y déjalo solo para que grite sin el beneficio de tener una audiencia. Si estás fuera de casa, lleva a tu hijo al auto y déjalo gritar allí.

Lo más importante es que no cedas ante la rabieta porque estarías alentando a tu hijo a tener otra la próxima vez que no obtenga lo que quiere. Después de que la rabieta termine y tu hijo esté tranquilo, explícale, en términos claros, que su comportamiento fue absolutamente inaceptable y que tendrá una consecuencia, como quitarle su juguete favorito por varios días o algún privilegio especial. Dile con firmeza que no tiene permitido portarse de esta manera y que si vuelve a hacerlo alguna vez, sufrirá una consecuencia más fuerte, como quitarle su juguete favorito durante una semana o más o, quizás, perderlo por completo.

Dile a tu hijo que esperas mejores cosas de él y que estás completamente decepcionada con su comportamiento. Durante toda esta discusión, utiliza tu voz y conducta más firme y míralo directo a los ojos, pero mantén la compostura.

Si gritas y expresas emociones extremas mientras le dices a tu hijo cómo esperas que se comporte, le estarás dando un mensaje confuso: haz lo que digo, no lo que hago. Por más que sea difícil mantenerse tranquilo, resulta esencial hacerlo. Si necesitas ir a otra habitación y respirar profundamente antes de hablar, hazlo. Toma un poco de agua, respira profundamente y piensa en una afirmación tranquilizadora, como: "Yo puedo manejar esto". Luego, habla con tu hijo.

Recuerda, eres el modelo de su comportamiento. Una advertencia más. Si dices que le vas a quitar el juguete favorito si hace otra rabieta, hazlo. Si no mantienes la palabra eso sólo reforzará el hecho de que tu hijo puede manipularte con sus rabietas.

Rabietas de derrame

Las rabietas de derrame son totalmente distintas. Si tu hijo se ajusta a la descripción anterior, bien puede quedar atrapado en el síndrome de sentirse abrumado por sus propias emociones y la pérdida del control sin desearlo.

Imaginemos que fue una semana realmente estresante y que tu hijo tuvo un día largo y demasiado estimulante. Es más tarde del horario en que habitualmente se acuesta y mientras camina hacia su cama accidentalmente tumba un avión de Lego que había armado por la mañana. Comienza a lamentarse incontrolablemente, grita cada vez más fuerte y parece no calmarse. Poco tiempo después, está golpeando todo, completamente fuera de control. Ésta es una rabieta de derrame.

Aquí tienes algunas sugerencias que te ayudarán a manejar la situación y a calmar a tu hijo al mismo tiempo:

  • Haz lo posible por calmar el desbordamiento de emociones. En este caso, ayudarlo a volver a armar su avión roto podría funcionar. Intenta rectificar el origen del problema si es absolutamente posible.
  • Mantente cerca de tu hijo si puedes hacerlo. Permite que tu presencia sea una influencia calmante mientras él experimenta emociones tan fuertes. En ocasiones, el hecho de que salgas de la habitación empeorará el malestar de tu hijo en momentos como este, así que respira profundamente e intenta mantener tu propia compostura. Si no puedes, pídele a tu pareja que se acerque al niño en tu lugar.
  • Dale espacio a tu hijo si lo necesita, pero no lo dejes completamente solo. Si notas que al estar demasiado cerca él sólo reacciona con más intensidad, aléjate pero permanece cerca, por lo menos donde pueda verte.
  • Toca a tu hijo con suavidad si te lo permite. Intenta abrazarlo o acariciarlo para calmarlo. Permítele que apoye su cabeza en tu regazo o se incline contra tu cuerpo mientras susurras palabras calmantes como: "Mamá está con vos. Vas a estar bien." Intenta mantener la calma incluso si sigue llorando.
  • Utiliza una voz firme pero cordial y dile que deje de llorar después de 10 o 15 minutos. Pídele que respire lenta y profundamente varias veces para recuperar la compostura. Respiren juntos si es posible. Es posible que esto sea suficiente para calmarlo.
  • No le permitas hacer nada destructivo durante la rabieta, no importa lo molesto que esté. Asegúrate de que sepa por adelantado lo que es aceptable y lo que no. Lastimarse, lastimar a los demás o dañar la propiedad son comportamientos no aceptables. Después de que se calme, preséntale las consecuencias si rompió alguna de las reglas.
  • Hablen más tarde y ayuda a tu hijo a identificar los sentimientos que produjeron su rabieta. Ayúdalo a crear un plan para la próxima vez, permitiendo que te avise cuando se siente demasiado cansado o necesita una pausa. Observa detenidamente para detectar las situaciones que pueden provocarlo y haz lo posible para detener todo antes de que se salga de control. Reconoce cuándo debes buscar ayuda profesional. Si haces todas estas cosas y las rabietas de derrame continúan, intenta llevar un diario y advertir lo que suele provocarlas.

Si todas las intervenciones fallan, es posible que quieras consultar a un profesional que pueda guiarte más. En ocasiones, los factores emocionales y/o físicos pueden ser el origen del problema. La intervención temprana puede ser una gran ayuda.

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