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Alimentando

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Los primeros sabores pueden durar una vida

¿Alguna vez te preguntaste por qué a tu hijo le encantan los macarrones con queso, pero su mejor amigo quiere un plato caliente de coliflor al curry? La respuesta puede estar, en parte, en lo que comieron como bebés.
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Investigadores del Monell Chemical Senses Center de Philadelphia informan que las experiencias de alimentación durante los primeros siete meses de vida pueden contribuir a determinar los alimentos que gustarán y no gustarán.

"Esta investigación puede ayudarnos a entender los factores tempranos relacionados con las preferencias alimentarias de los humanos y la elección dietaria, un área con muchas repercusiones importantes en la salud. Podemos explorar estas influencias tempranas sistemáticamente estudiando bebés que son amamantados, así como bebés cuyos padres decidieron alimentarlos con leche maternizada", explica la autora principal del estudio, Julie Mennella, PhD.

Como parte de un programa de investigación que tiene el objetivo de comprender la base subyacente de las diferencias alimentarias individuales, los investigadores de Monell compararon las preferencias de sabor de los bebés alimentados con mamadera con dos tipos diferentes de leche maternizada para bebés disponibles comercialmente. Una era leche maternizada estándar hecha a base de leche.

La segunda leche maternizada se llama hidrolizado de proteínas porque las proteínas son "digeridas previamente" para ayudar a los bebés a absorberlas con mayor facilidad. Las dos leches son similares en cuanto a nutrición, pero tienen una marcada diferencia respecto del sabor: Las leches maternizadas hechas a base de leche se describen como insípidas y parecidas el cereal, mientras que las hidrolizadas saben muy mal para la mayoría de los adultos —amargas y agrias con un regusto horrible.

En el estudio, publicado en la edición de abril de 2004 de la revista Pediatrics (Pediatría), se alimentó a 53 bebés con una de las dos leches maternizadas durante siete meses. A partir de las dos semanas de edad, aproximadamente, se alimentó a un grupo sólo con la leche maternizada estándar mientras el segundo grupo recibió sólo la leche hidrolizada. Dos grupos adicionales combinaron tres meses de alimentación con leche hidrolizada, a partir de diferentes momentos, con cuatro meses de leche estándar.

Dado que los bebés aceptan la leche hidrolizada fácilmente durante los primeros cuatro meses de vida, todos los bebés estaban satisfechos independientemente de la leche maternizada que se les diera.

Al final del período de exposición, todos los bebés recibieron la oportunidad de ser alimentados con los dos tipos de leches maternizadas. La conducta de los bebés y la cantidad que bebían dependía de la leche maternizada que se les había dado durante los siete meses anteriores. Los bebés de siete meses que nunca habían recibido leche hidrolizada la rechazaban fuertemente. En cambio, los bebés acostumbrados a la leche maternizada parecían relajados y felices mientras se los alimentaba y bebían más de la leche hidrolizada.

Mennella observa: "A menudo, es difícil para los padres darles estas leches maternizadas a sus bebés porque piensan que saben mal. Estos hallazgos revelan que si se alimenta al bebé con esta leche a los tres meses de edad, el bebé aprende a que el sabor le guste".

Estas influencias tempranas continúan formando las preferencias de sabor durante la infancia —y, tal vez, más tiempo. En estudios anteriores del laboratorio de Mennella, los niños de cuatro a cinco años que fueron alimentados con hidrolizados durante la primera infancia aceptaban mejor el sabor y el aroma agrio —cualidades sensoriales asociadas con estas leches maternizadas— que los niños alimentados con otras leches.

Los hallazgos actuales complementan el programa de investigación a largo plazo de Mennella y su coautor Beauchamp respecto de cómo los bebés en edad de amamantamiento aprenden acerca de los sabores. Dado que la leche materna transmite el sabor de las dietas de las madres a los bebés en período de lactancia, los bebés amamantados están expuestos a experiencias de sabor durante este período. Los investigadores de Monell sugieren que esta exposición temprana natural al sabor sirve para establecer sabores de la dieta de la madre —que, en forma subsiguiente, se alimentarán al niño que crezca— como aceptables y preferidos.

Mennella comenta algunas de las repercusiones: "Dado que sabemos que las preferencias de sabor establecidas temprano en la vida se mantienen hasta la niñez, los hábitos alimentarios de los niños que crecen pueden comenzar a establecerse mucho antes de la introducción de los alimentos sólidos".

Un artículo de

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    Rated 0 out of 5 by Muy útil esta información, conforme leía entendí cual es la razón por la que nuestro hijo de 6 meses de edad nacido en pre-termino y alimentado con leche hidrolizada debido a su inmadurez intestinal y actualmente adaptandose a la ablactación se puede tomar el jugo resultado de una manzana o pera aun siendo ácido y no rechazarlo por el sabor. 29 de noviembre de 2012
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