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Valor de la identificación temprana en el autismo

Alrededor de un tercio de los bebés autistas se desarrollan normalmente hasta aproximadamente los 18 meses, y en algunos casos hasta los tres años. Sin embargo, en los otros dos tercios de los bebés sí es posible, con atención y buena información, realizar una identificación temprana que facilite su tratamiento y contención.
Identificando síntomas
Un bebito con autismo puede mostrarse diferente a otros bebés desde los primeros momentos de su vida, y hay dos características básicas que pueden ayudarte a detectar si es el caso de tu hijo. Por un lado, muchos bebés autistas, a diferencia de otros chicos, rehuyen al contacto físico, por lo que arquean la espalda para alejarse de quien los carga, e inclusive pueden anticiparse al momento de ser tomados en brazos y comenzar a mostrarse inquietos. Por otro lado, una descripción muy habitual de niños con diagnósticos de autismo habla de bebés excesivamente pasivos o bien excesivamente agitados. En el primer caso, el bebé permanece en silencio la mayor parte del tiempo, es decir, no realiza demandas ni busca el contacto y la atención de su mamá y su papá. En el segundo, se trata de un bebé que llora prácticamente todo el tiempo que permanece despierto, en ocasiones sin momentos de tranquilidad, y difícilmente consolable.
Otros rasgos característicos tienen que ver con su mirada, su reacción ante los sonidos y la forma de jugar. Una observación detenida de estos aspectos puede aportar información al especialista en caso de duda.
Durante su etapa de lactancia, además, es posible que un bebé con autismo no responda a la presencia de otras personas (aun cuando sean su mamá o su papá), y que, en cambio, toda su atención se dirija a un objeto o alguna de sus partes durante largos períodos de tiempo.
Existe, también, un porcentaje de casos en los que los bebés autistas logran puntos claves de su desarrollo (el habla, el gateo) inclusive antes que el promedio de los bebés; en otros, el retraso es mayor. También puede suceder que sus balbuceos resulten monótonos (siempre repite un sonido en particular), o tardío, y que su lenguaje gestual resulte escaso.
Ayuda para tu bebé y para tu familia
La identificación temprana es una de las más importantes herramientas con que cuenta el tratamiento del autismo. Por eso, si creés haber notado algunos comportamientos poco esperables en tu bebé, no dudes ni temas: hablá con el pediatra, pedile que despeje tus dudas y observe a tu bebé. Los enfermeros pediátricos también pueden ser grandes aliados, por su contacto frecuente y constante con niños más allá de la situación de consultorio. En cualquier caso, los especialistas aseguran que, para un mejor tratamiento de un bebé con autismo, es fundamental que el personal médico y auxiliar conozca lo más posible al niño desde una edad temprana. Eso permitirá no sólo un mejor vínculo con el bebé, sino también que la familia pueda recibir a tiempo el apoyo y la contención necesaria para ofrecer las respuestas adecuadas al chiquito.

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