Una vez que el diagnóstico de autismo ha sido confirmado, comienza el tratamiento, que variará de acuerdo a las características particulares de cada bebé y de cómo se manifieste en él el trastorno.
Al momento de decidir el abordaje específico, el médico se guiará por varios factores: la edad de tu hijo, su estado general de salud y los antecedentes médicos; el grado observable de autismo y los síntomas que presente el bebé; la tolerancia a determinadas terapias; las expectativas profesionales sobre la evolución del trastorno.
Características del tratamiento en bebés
Por lo general, los tratamientos se basan en dos pilares específicos: el trabajo cotidiano sobre la modificación de la conducta y la administración de vitamina B6 con suplementos de magnesio. La modificación del comportamiento se basa, en realidad, en llevar adelante una serie de estrategias que alienten e incrementen las conductas apropiadas (la de comunicación, por ejemplo) y también que desalienten y reduzcan las conductas inapropiadas.
Dado que tu hijo es aún muy pequeño para comenzar una terapia psicológica, la atención especial a su educación y su vínculo con otros niños resultan fundamentales, tanto de tu parte como mamá como del papá y el resto de la familia.
Guiadas por un profesional, las intervenciones deben hacer blanco en la interacción del bebé con los demás, la comunicación verbal (es preciso estimular su balbuceo) y también corporal (el desarrollo de gestos, por ejemplo). Existen programas educativos y de conducta ya desarrollados, que -aun cuando deban ser adaptados a cada bebé en particular- permiten enseñar al niño habilidades sociales, motoras y cognitivas.