Al aire libre con tu bebé
Caminando a la sombra
Cuando salgan, procurá que tu hijo esté siempre protegido por la sombra, sea de un árbol, una sombrilla o el mismo toldo de su cochecito. No te fíes si el día está nublado: los rayos UV atraviesan las nubes y pueden provocar quemaduras accidentales.
Cuidado con la peor hora
Además, es preferible no llevarlo a pasear entre las 10 de la mañana y las 4 de la tarde, la franja horaria en que los rayos UV son más intensos, especialmente durante el verano.
Ojo con el agua y la nieve
Además de buscar el resguardo de la sombra y vigilar el horario de salida, tené en cuenta el ámbito en que estés con tu bebé: superficies como la arena, el agua, el cemento y la nieve reflejan los rayos UV.
La ropita adecuada
Lo ideal es que tu bebé, especialmente en épocas de calor, esté vestido con ropa ligera y cómoda y sombreritos con alas (para cuidar orejas y rostro) La mejor tela es aquella hecha de fibras naturales (la de algodón es perfecta, porque además resulta fresca) y un tejido compacto, que resulta más protector que el tejido amplio y aireado. Hay una manera muy práctica de comprobar estas cualidades: poné la prenda a contraluz; cuanto menos luminosidad atraviese el tejido, mejor es.
Si te preocupan especialmente los ojitos del bebé, podés recurrir a gafas de sol: las de juguete no están recomendadas en absoluto (solamente oscurecen, no protegen), optá por las que digan “100% filtración de rayos UV”.
Si tu hijo es mayor de seis meses, siempre llevá en el bolso un bloqueador solar resistente al agua si es necesario. Aplícaselo con frecuencia en todas las áreas que puedan quedar expuestas al sol (intentá hacerlo 20 minutos antes de la salida), aunque sea accidentalmente: cara, orejas, pies, manos, piernas, con especial atención en la piel detrás de las rodillas.