¿Cómo convivir con la intolerancia a la lactosa?
Una vez que el profesional ha diagnosticado que tu hijo sufre de intolerancia a la lactosa -a través de diferentes exámenes de laboratorio-, elaborará una dieta para disminuir los efectos de la enfermedad.
Cuando la intolerancia es de carácter genético, es decir si al momento de nacer tu bebé ya la posee, lamentablemente no se llega a una cura absoluta. A través de un buen tratamiento se logra mejorar el cuadro pero aun así quedan algunos residuos de la enfermedad.
En cambio, si se trata de una intolerancia provocada por otra enfermedad sufrida por tu bebé con anterioridad, como por ejemplo una gastroenteritis aguda, se soluciona llevando a la práctica un tratamiento con graduales restricciones de los alimentos que contienen lactosa. A medida que pase el tiempo tu pediatra indicará aumentar el consumo de productos lácteos de bajo índice de azúcares (por ejemplo, yogures) hasta que llegue a tolerar totalmente la leche.
Aliviando los malestares del bebé y su déficit nutricional
Es posible que en un principio y por poco tiempo, para evitar los cólicos e inflamaciones, el médico indique descartar completamente la leche y cualquier otro producto derivado de ella. En su lugar, probablemente te recomiende leches sustitutas de muy bajo contenido láctico. En el mercado existen leches que han pasado por un proceso de hidrólisis de las proteínas de la leche de vaca que igual mantienen su poder nutritivo y sirven para estos casos. Otro excelente sustituto que puedes encontrar en muchos comercios es la leche de soya. Contiene las mismas proteínas de la leche de vaca pero no conlleva trastornos a la digestión de tu bebé.
Si todavía estás amamantando, es conveniente consultar a varios especialistas. Si bien tradicionalmente se indicaba restringir la leche materna al bebé intolerante, actualmente la Organización Mundial de la Salud desaconseja totalmente este procedimiento.